En Busca de la Felicidad
Hemos definido la vida como la secuencia de transiciones, desde un pasado hacia un futuro, redefiniendo aquello que hemos perdido, ata o duele.
En verdad, hacer los duelos es requisito básico para ser felices….
Cuando me remonto a mi tiempo de adolescente y pienso en la idea que tenía de la felicidad, vuelve a mí la frase aquella que decía que la felicidad es como aquella mariposa que se posa en tu hombro y que si quieres alcanzarla se escapa…
Un poco por eso, les he traído como motivación la canción “Felicidad” de Alberto Plaza, ya que su visión es buscarla como algo o alguien que se puede ubicar y llamar.
Hoy, quiero conversarles de la felicidad.
Releyendo la letra de la canción ¿Qué les interpela de ella? ¿Qué es lo que les dice algo? ¿Por qué?
Cuando vengas quédate un poquito más. Parece que vivir en la felicidad no es posible y así como hay que ir a buscarla, ella se presenta en algunos momentos, efímeros…
La felicidad es tema y es tema de este último tiempo. Aquí les entrego la columna de opinión de Eugenio Tirón, publicada en El Mercurio el pasado 23 de enero del presente año.
Como precursor de enfoques cuantitativos, plantea junto con Daniel Kahneman que la felicidad puede ser medida y que ésta es mayormente valorada o percibida en comparación con los demás…
¿Ustedes creen que puede ser medida?
Hay todo un énfasis de cuantificar lo cualitativo, creyendo posteriormente que construyendo estas métricas nos apropiamos del conocer el comportamiento del fenómeno cualitativo en estudio.
¿Es posible de medir? ¿Podremos decir cuán feliz es una persona con relación a otra? ¿Un país en relación a otro? ¿Pensamos como Tirón y el político inglés David Cameron que debiera establecerse como meta nacional la “Felicidad Interna Bruta” (FIB) en un símil al Producto Interno Bruto (PIB)?
Sí, parece que son pocos los que se plantean seriamente este tema desde esta perspectiva y, a pesar de la llamada sicologìa positiva propugnada por Martín Seligman, la cosa es más compleja de lo que se piensa.
¿Se puede en realidad relacionar causalmente cosas y hechos externos con la felicidad de una persona?
Parece que no.
Una muestra es la columna de opinión de Agustín Squella en el mismo diario El Mercurio de fecha 23 de marzo del presente año.
Al igual que Ortega y Gasset, Squella piensa que la felicidad no es definible ni cuantificable.
Hace muchísimos años, en una jornada de oración en la casa de ejercicios en la comuna de Padre Hurtado, Cristian Precht, decía que efectivamente se puede saber quien está más cerca de Dios: es el que ama más, la problemática surge porque no podemos medir el amor.
Con la felicidad pasa lo mismo.
En este estado de cosas, les invito a poner en común nuestra visión y experiencia en cuanto la felicidad.
¿Quién últimamente se ha planteado la interrogante sobre la felicidad en su vida?
• Levanten la mano quiénes no se sienten felices en estos momentos, en este último tiempo….
• Levanten la mano quiénes se sienten felices a veces, en momentos y circunstancias bien especiales…
• Por último, levanten la mano quiénes se sienten que son felices…
Me gustaría que nos compartieran vuestras convicciones….
Algunos deben estar extrañados por este tema, pero siguiendo al siquiatra chileno Sergio Peña y Lillo, la búsqueda de la felicidad no es siempre la misma en las diversas etapas de la vida.
La serie de tiempo diría que nuestra búsqueda va desde suponerla como algo externo, a algo interno. Desde lo exterior a lo interior, de los demás a nuestro yo.
Leamos esta motivación de Anselm Grun “La esencia de la felicidad”.
¿Qué les llama la atención? ¿Por qué?
Según Sergio Peña y Lillo, la felicidad no es definible o encasillable y sólo podemos dar indicios de sus contornos, de los cuales quisiera destacarles los siguientes:
1. La Felicidad es más que un sentimiento, es una actitud ante la vida.
La felicidad no es sólo un estado emocional, ya que aún cuando es un sentimiento, es además, un saber y una voluntad de ser.
Es una actitud pro-activa ante la vida, que redefine positivamente toda experiencia, incluso no requiere de un acontecimiento en particular para experimentarla. Se es feliz porque se ha decidido ser feliz.
Puede ser reconocida esta actitud en lo que se denomina “resciliencia”.
Para Víktor Frankl el principal valor humano es el valor actitudinal, es decir, la postura que se adopta ante la vida: protagonista o víctima.
2. La Felicidad reposa en el cumplimiento de nuestra vocación.
La felicidad se anida en nuestro ser más profundo, ya que la persona verdaderamente feliz no traiciona su humanidad.
Alguien dirá que no hemos elegido nuestro ser. Sin embargo, al igual que el jugador de naipes que no puede modificar sus cartas, pero que siendo libre puede decidir acertar o equivocar en el juego, haciéndose responsable de sus éxitos y felicidades, así, podemos enfrentar nuestra vida.
“Donde Dios nos plantó, es preciso florecer”
Daremos fruto verdadero si lo que hacemos coincide con lo que somos.
3. La Felicidad va a lo profundo de nuestro ser.
La felicidad no hay que buscarla fuera de nosotros, ya que no hay nada ni nadie que la pueda impulsar si nosotros no lo decidimos así.
Mientras antes comprendamos esta realidad, más pronto nos haremos libres y menos distraídos.
La felicidad surge de la armonía del alma, la que debe dirigir nuestra vida.
La genuina felicidad no es posible si no coincide con la verdad de uno mismo.
4. Para los cristianos, en el fondo de nuestro ser, está Dios, fuente de Felicidad.
Para los cristianos, en el fondo de nuestro ser, anida Dios, ya que somos seres creados a imagen y semejanza de Dios.
Cada uno de nosotros llevamos en el fondo de nuestra conciencia, el “Espíritu de Dios”.
Es el Espíritu Santo el que nos permite percibir que la felicidad que brota del alma tiene un sentido de eternidad: “el tiempo de la felicidad no es la temporalidad de la mente sino del espíritu”.
5. La Felicidad es un estado psíquico global, profundo y expansivo, que se contenta en el darse a los demás.
Nuestra misión, como hemos conversado el año pasado, es la formalización de nuestra vocación y ella será verdadera en la entrega.
Así, la felicidad es expansiva, se potencia y rehace en la entrega, no en el encierro.
Si la felicidad está dentro de nuestro ser, podemos estar “privados” de ella, pero no “carentes”.
En efecto, podemos carecer de alas (no tenemos), pero podría estar privado de brazos.
Vista así, la felicidad se recupera y se potencia, en el dar, y la damos porque la tenemos quizás podemos estar privados de ella, pero en ningún caso somos carentes de ella.
La Felicidad no se encuentra; se hace.
Catequesis Almenar
Abril 14 de 2007.